Rodeado de edificios de arquitectura europea y circundado por modernas torres financieras y comerciales, el Cabildo, escenario de la Revolución de Mayo de 1810, se renueva para el Bicentenario.
Publicado 02/05/2010
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Rodeado de edificios de arquitectura europea y circundado por modernas torres financieras y comerciales, el Cabildo, escenario de la Revolución de Mayo de 1810, se renueva para el Bicentenario. Su estilo arquitectónico colonial conmueve a los paseantes, pero ahora incorporará innovaciones atractivas y pedagógicas.

La ciudad está encendida. Los oficinistas cruzan en diagonal la Plaza de Mayo deteniéndose apenas frente al semáforo o ante una turista que, entusiasta, pide una foto. En la vereda de enfrente, como un enjambre humano, una veintena de pares de piernas apuradas transitan bajo los andamios que desde hace meses rodean el Cabildo porteño.

Alguien deja de hablar por celular y evalúa si pasa por debajo de la estructura plateada o la rodea, para evitar la posibilidad de un mal augurio.

En el patio interno, un grupo de hombres enfundados en mamelucos celestes levanta un par de pesadas bolsas escombros. Es que puertas adentro, el edificio que fue sede de los acalorados acontecimientos históricos de mayo de 1810, está en plena transformación.

Desde marzo de este año, un equipo de más de sesenta profesionales, entre arquitectos, museólogos y asesores específicos de cada área, se pusieron en marcha para que el próximo 25 de mayo de 2010, cuando se cumplan 200 años de aquellos primeros sucesos independentistas frente al yugo español, el cabildo luzca trazos renovados.

La fachada principal y las dos laterales (una que descansa sobre la calle Hipólito Yrigoyen y otra sobre la Avenida de Mayo) resaltarán gracias a un nuevo sistema de iluminación y en el patio, el llamado ceibo del Bicentenario, será plantado junto al ya existente.

“El objetivo de la nueva obra es la puesta en valor de éste emblemático recinto. Se trabajó en la renovación tecnológica con la incorporación de paneles interactivos y la cartelería fue completamente aggiornada al igual que los sistemas de iluminación; se acondicionaron los pisos y la moldería en general”, enumera la arquitecta Elina Tassara, de la Dirección Nacional de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Esta modificación edilicia, se impone ambiciosa y llega setenta años después de aquella impulsada en 1949 por el arquitecto Mario Buschiazzo, luego de que el 30 de mayo de 1933 el Congreso aprobara la ley que declaró al Cabildo, Monumento Histórico Nacional poniendo punto final a una serie de amputaciones y reformas que venían sufriendo sus paredes desde su origen, allá por 1608.

Sin embargo, el Cabildo sigue siendo el único sobreviviente de arquitectura colonial. “El edificio en el que se expresó la revolución es la nota discordante frente al aspecto de aires europeos que tiñe al resto de las construcciones que se ubican en el casco histórico, y que a la vez expresan una síntesis del tipo de edificaciones que pueden encontrarse en el resto de la ciudad: La Catedral con su estilo neoclásico y la italianidad que denota la Casa Rosada, en convivencia armoniosa con torres financieras y edificios comerciales de aspecto tan moderno como el Ministerio de Economía o el Banco Nación. Incluso quienes visitaron otros países latinoamericanos se sorprenden por el contraste”, relata el historiador Ricardo Watson, quien diariamente, desde “Los Eternautas”, coordina alguno de los contingentes de turistas que se apuntan al itinerario que recorre el casco cívico porteño (el paseo cuesta $ 10 y dura dos horas y media).

Camaleónica transmutación

Treinta años después de que Juan de Garay fundara definitivamente Buenos Aires, el alcalde Manuel de Frías propuso la necesidad de tener un espacio físico adecuado no solamente para que pudieran residir las autoridades del Virreinato del Río de La Plata sino que entre sus paredes confluyan funciones primordiales. Entre otras actividades, desde aquel reciente Cabildo se administraban las tareas de limpieza; de vigilancia y cárcel; y se controlaba la cantidad de alimentos que ingresaban a la ciudad.

Pero el aspecto de aquella primera construcción era completamente diferente al del cabildo que perdura en el recuerdo colectivo. Se trataba de un precario rancho de adobe y techo de paja (una casa baja y un poco oscura en la que había una sala de reunión, varios cuartos de vigilancia y calabozos para hombres y mujeres) al que la falta de mantenimiento y la pobreza de instalaciones aceleró su posterior demolición.

Finalmente, en 1725, los arquitectos jesuitas Juan Bautista Prímoli y Andrea Bianchi, italianos ambos, presentaban los planos para resucitarlo inspirándose en la europea Milán. Se trajo un reloj de Cádiz (España) y una campana, de un metro cincuenta de altura y 827 kilos, que más tarde sonaría para convocar al pueblo en la semana de 1810.

El 25 de mayo, tres días después de que los vecinos reunidos en Cabildo Abierto decidieran deponer la autoridad del Virrey Cisneros, una junta de gobierno presidida por Cornelio Saavedra anunciaba los nuevos pasos a seguir desde el balcón de éste edificio.

Pero con el fin de las batallas independentistas, los muros del Cabildo pasaron a ser sede del tribunal de justicia, un cambio de roles que vendría acompañado por una importante transformación edilicia, menos colonial y a tono con el estilo de la época. Se decoraron arcos y fachadas, se agregaron dos cuerpos a la torre y sobre una cúpula azulejada, una esfera dorada servía de pararrayos.

Sin embargo, en 1830 el balcón se achicó, se le agregaron otras dos campanas y se sacó el reloj; cambios poco felices que forman parte de las mutilaciones que debió resistir el edificio hasta que empezó a formar parte de los monumentos que conforman el patrimonio nacional.

Es que en 1889, con la apertura de la Avenida de Mayo se demolió su torre junto a las tres arcadas del lado norte, y cuarenta y dos años después (en 1931), con la puesta en marcha de las obras de la diagonal Julio A. Roca se derrumbaron las otras tres arcadas del lado sur.

El pasado está aquí

Los tesoros históricos que forman parte de la preciada colección del “Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo” están embalados cuidadosamente desde que comenzaron las obras con motivo del Bicentenario. Dispuestos en las siete salas, distribuidas en los dos pisos que forman parte de éste museo inaugurado en 1940, se pueden apreciar los dos enormes bancos alargados y traídos de iglesias de la zona en la que se sentaron los cabildantes del 22.

Quien llegue al recinto (abierto todos los días menos los lunes de 10.30 a 17 y los domingos de 11.30 a 18, con entrada gratuita los viernes) verá, entre otros objetos emblemáticos argentinos, la primera moneda nacional que circuló en la región, de plata y acuñada en Potosí (Bolivia); el título de abogado de Mariano Moreno, tal como se los hacía por aquel entonces, con la inclusión de sus notas académicas; y parte de la antigua imprenta, clave para la circulación de “La Gaceta de Buenos Aires” que Moreno dirigió; un pequeño cofre de alta relojería, similar a aquellos baúles en el que los piratas guardaban monedas de oro y el escudo de la Ciudad de Buenos Aires que data del siglo XVII. En el patio, el aljibe que pertenecía a la casa en la que nació Manuel Belgrano.

Y ahora, cuando el museo vuelva a abrir sus puertas, el público podrá salir al balcón que tiene vista a la Plaza de Mayo y tendrá la oportunidad de recorrer, en una misma visita, la totalidad de las salas, que generalmente se abren por calendario para evitar el desgaste de los objetos.

Y es que con un promedio de circulación de setecientas delegaciones por año (cada una integrada por unos 30 alumnos de todas las edades, desde jardín hasta secundaria), extranjeros, paseantes llegados de las provincias argentinas y de la zona de Gran Buenos Aires, pero también con una importante afluencia de porteños que aprovechan la hora del almuerzo para hacer un recorrido, el museo se suma al pulso del Bicentenario.

La impronta de la nueva apertura no sólo promete sumar material interactivo y dinámico de fines educativos, sino que hace hincapié en la premisa de la integración nacional. Si el Cabildo de Buenos Aires se erigió como sede de virulentas discusiones revolucionarias fue porque en gran parte del país -confían voces autorizadas del museo- se sostuvo y multiplicó el apoyo desde cada una de las reuniones que se dieron en los más de 18 Cabildos que existen en Argentina.

Por eso, antes de llegar al Cabildo bonaerense, doce gauchos criollos a caballo, harán un alto en el de Jujuy, en el Salta y en el de Tucumán. Como parte de la llamada “Marcha del Cabildo” la cabalgata pasará por el de Córdoba y el de Santiago del Estero (los cinco históricos), antes de desensillar el 24 de mayo a la noche cuando se espera que lleguen justo a tiempo para cantar el himno nacional, como es tradición, bajo los acordes de la banda del Regimiento de infantería 1 “Patricios”.

Fuente: Los Andes Online
http://www.losandes.com.ar/notas/2010/5/2/turismo-487201.asp


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